Paulo Coelho.

Hoy me ha tocado ordenar mi habitación y hacer limpia de cosas, armarios incluidos. En medio de la marabunta de ropa, zapatos, papeles, apuntes, fotos, etc, he encontrado algún recuerdo agradable.

Uno de ellos han sido unos artículos de Paulo Coelho. Antes era un autor que me encantaba, deboraba sus artículos domingo tras domingo en el semanal, pero sin saber porqué un día dejé de leerlos, también dejé de hacer un montón de cosas “creativas” más, pero ese es un tema al que algún día le dedicaré un post. También transcribiré aquí su versión del soldadito de plomo que me dejó cautivada.

De todos los que he vuelto a leer, me quedo con éstos dos.

Permanecer abiertos al amor

Existen momentos en los que nos gustaría mucho ayudar a quienes amamos, pero no podemos hacer nada: o las circunstancias no permiten que nos aproximemos, o la persona permanece cerrada ante cualquier gesto de solidaridad y apoyo. Entonces sólo nos resta el amor. En los momentos en que todo es inútil, aún podemos amar – sin esperar recompensas, ni cambios agradecimientos.

Si conseguimos actuar de esta manera, la energía del amor empieza a transformar el universo que nos rodea. Cuando esta energía aparece, siempre consigue realizar su trabajo. “El tiempo no transforma al hombre. El poder de la voluntad no transforma al hombre. Lo transforma el amor”, Dice Henry Drummond. … El amor transforma, el amor cura.

Pero a veces el amor construye trampas mortales, y termina destruyendo a la persona que decidió entregarse por completo. ¿Qué sentimiento complejo es éste que – en el fondo – es la única razón para continuar vivos, luchando, procurando mejorar? Sería una irresponsabilidad intentar definirlo; porque, como todo el resto de los seres humanos, yo solamente consigo sentirlo. Se escriben miles de libros, se estrenan obras teatrales, se producen films, se crean poesías, se tallan esculturas en madera o mármol, pero, a pesar de ello, todo lo que el artista puede transmitir es la idea de un sentimiento, pero no el sentimiento en sí mismo.

No obstante, aprendí que este sentimiento está presente en las pequeñas cosas y se manifiesta en la más insignificante de las actitudes que tomamos; por lo tanto, es necesario tener el amor siempre en mente cuando actuamos o dejamos de actuar. Coger el teléfono y decir la palabra de cariño que postergamos. Abrir la puerta y dejar entrar a quien necesita nuestra ayuda. Aceptar un empleo. Abandonar un empleo. Tomar la decisión que estábamos dejando para después. Pedir perdón por un error que cometimos y que no nos deja en Paz. Exigir un derecho que tenemos. Abrir una cuenta en el florista, que es más importante que la del joyero. Poner la música bien alta cuando la persona amada esté lejos, pero bajar su volumen cuando se halla cerca. Saber decir “sí” y “no”, porque el amor lidia con todas Las energías del hombre. Descubrir un deporte que pueda ser practicado por ambos. No seguir ninguna receta, ni siquiera Las contenidas en este párrafo; porque el amor requiere creatividad.

Y cuando nada de eso sea posible, cuando lo que resta es apenas soledad, entonces acordarse de una historia que un lector me envió una vez: “Una Rosa soñaba día y noche con la compañía de las abejas, pero ninguna venía a posarse en sus pétalos. La flor, sin embargo, continuaba soñando. Durante sus largas noches imaginaba un cielo donde volaban muchas abejas que venían a besarla cariñosamente. Así conseguía resistir hasta el día siguiente, cuando volvía a abrirse con la luz del Sol. Cierta noche, conociendo la soledad de la Rosa, la luna preguntó: – ¿Tú no estás cansada de esperar? – Quizás. Pero tengo que seguir luchando. -¿Por qué? – Porque si no me abro, me marchitaré.”

En los momentos en que la soledad parece destruir toda la belleza, la única manera de resistir es continuar abiertos.

Cerrar ciclos.

Desde hace algunos años se reciben en mi despacho cartas de lectores de lengua española, de muchos países del mundo, en las que me piden mi texto Cerrar un ciclo. Desde hace algunos años, desde mi despacho se les envía una copia de la columna que en su día publiqué en este espacio, con el título El ciclo de la alegría.

DESCUBRIMIENTO. Una mañana, al abrir mi cajón de correspondencia, vi que pedían el texto Las etapas de Paulo Coelho. Como nunca había escrito nada semejante, busqué en internet y descubrí que se trataba de un título diferente para el mencionado Cerrar un ciclo.

Descubrí también que durante muchos años habíamos estado enviando a los lectores la columna equivocada, y que en realidad querían el texto que transcribo a continuación.No fui yo, desgraciadamente, quien escribió el original, pero decidí adaptarlo y ahora puedo por lo menos reivindicar parte de su autoría: Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir.

Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos… no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido sin más? Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo.

Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado.

RECUERDOS. Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello. Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros.

Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor.

Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte.Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del “momento ideal”.

DEJARLO IR. Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad.

Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante.Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres.

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1 comentario

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Una respuesta a “Paulo Coelho.

  1. B*

    eso !! cerrar ciclo porque aquello no encajaba en tu vida !
    me encanta tu blog marquesaaa!!!!

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