Y de repente… se hizo la vida

Merece más la pena un “y de repente se hizo la vida” que un “hola Teresa, bienvenida de nuevo”. Así que para sonreír no me importa pensar una y otra vez en el primer enunciado.

Es igual o más bonito de lo que te puedas imaginar, dos llantos: la inocencia y LA tranquilidad, después de todo de que ha salido bien.

Podría decir que sin vivirlo en primera persona, es de las cosas más emocionantes que he presenciado en mi vida.

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