Archivo mensual: mayo 2009

Ballet made in Chanel.

A Karl Lagerfeld le debe dar pavor quedarse estancado en algo a juzgar por la cantidad de campos que abarca el muchacho. Para que eso no ocurra ha decidido colaborar con el Ballet Nacional Inglés diseñando el tutú de la primera bailarina para la representación “La muerte de un cisne”.

El atuendo ha costado realizarlo más de 100 horas y la dedicación exclusiva de tres personas.

La obra se podrá ver en España, en el liceo de Barcelona en el mes de septiembre.

Para ver el vídeo:

http://www.chanel.com/fashion/1-mode-tendance#1-mode-tendance-un-ballet-pour-karl-lagerfeld-0,96

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Susan Boyle.

A éstas alturas todo el mundo conoce este nombre.

Siempre he sido una persona muy empática, y la gente como ella me transmite mucha ternura, así que me encanta. No sólo por el pedazo de voz que tiene sino por lo que representa; mujeres así en el mundo hay miles, son juzgadas sin saber nada de ellas. Sólo Susan ha tenido la oportunidad de tirar por tierra esos prejuicios y demostrar que detrás de la primera impresión de todo el mundo hay algo más, y eso le honra por abrirnos los ojos.

Hasta aquí todo bien. La sorpresa ha sido que, contra todo pronóstico, no ha ganado el concurso Britain’s got talent. Por lo visto en los últimos días se habían generado en los medios de comunicación británicos una corriente de críticas y malas opiniones sobre ella (si nos basamos en el talento de cada uno no sé qué fundamento tendrían, pero bueno). Los ganadores han sido un grupo de bailarines llamado Diversity que desde luego no están nada mal, pero personalmente creo que no le llegan ni a la altura del zapato. Una verdadera pena.

Cuándo la conocimos.

Semifinal.

Final.

Al seleccionar los videos de sus actuaciones he vuelto a ver el primero y cada día me emociona más.

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Soldadito de plomo.

No podía esperar más. Lo he buscado en google y estaba, así que ahí va una historia que aunque la conocía, hace más o menos 4 años me fascinó.

Se conmemora este año el bicentenario de Hans Christian Andersen (1805-1875), escritor danés cuyos cuentos enriquecieron la infancia de tantas generaciones. Andersen nació en Odense, hijo de un padre zapatero y de una madre lavandera. Fue ella una mujer supersticiosa, quien abrió a su hijo las puertas del mundo del folklore danés. Fue ella quien lo animó a montar pequeños espectáculos de marionetas y a escribir sus propias fábulas.Entre ellas, El soldadito de plomo, que siempre me hacía llorar cuando oía a mi madre contarla. A continuación, una versión resumida.

Había una vez 25 soldados de plomo, todos ellos hermanos, pues habían salido todos de la misma vieja cuchara. Cada uno de ellos cargaba con su fusil, mirando al frente y vistiendo su uniforme azul y rojo. Las primeras palabras que oyeron en su nuevo mundo fueron las de un niño: “¡Soldados, soldados!”.El pequeño estaba festejando su regalo de cumpleaños. Todos los soldados eran exactamente iguales, a excepción de uno que tenía solo una pierna, ya que el plomo se había acabado antes de que hubieran terminado de darle forma. Pese a todo, el soldadito se mantenía de pie tan bien que el niño decidió conservarlo.

Sobre la mesa había muchos otros juguetes, pero lo que más llamaba la atención era un encantador castillo de papel. Era todo muy lindo, y, sin duda, lo más hermoso era la niña que estaba a las puertas del castillo. Era también de papel, pero tenía un vestido de gasa muy fino, y lentejuelas muy brillantes.La joven tenía ambos brazos extendidos, era una bailarina. Y su paso se alzaba tan alto en el aire, que el soldadito pensó que a ella también le faltaba una pierna. “Sería la esposa más indicada para mí,” pensó, “pero vive en un palacio”. Y decidió ocultar su amor y pasar el resto de su vida mirando a la bailarina. Todas las noches, cuando la gente de la casa se retiraba a dormir, llegaba la hora en que los juguetes se ponían a jugar y divertirse visitándose unos a otros, librando batallas o dando bailes.Los soldados de plomo se aburrían en su caja, pero habían sido entrenados para tener disciplina y educación.

Cierto día, la empleada vio que uno de los soldados estaba lisiado, y lo tiró por la ventana. Unos niños que pasaban vieron el juguete, y lo pusieron en un barco de papel, que se fue deslizando a lo largo de la cuneta hasta caer a la cloaca, que iba a desembocar en un río. Allí, un pez se comió al soldadito, pero él seguía impávido, fusil al hombro. El pez fue pescado y luego lo vendieron a la misma casa donde, un día, el niño había recibido veinticinco soldaditos como regalo.La misma empleada que lo había tirado, lo encontró en el estómago del pescado, y esta vez lo lanzó al fuego. Pero, antes de caer entre las llamas, el soldadito pudo ver, por última vez, a los mismos niños y, sobre la mesa, los mismos juguetes, y también el hermoso castillo con la linda bailarina a las puertas. Vio, en la bailarina, una lágrima de papel.

Poco a poco, rodeado de llamas, el soldadito empezó a derretirse. Mientras sus ropas iban perdiendo los colores, él intentaba mantener su porte marcial, con los ojos fijos en aquella a quien había jurado amor eterno. Los dos se contemplaban, tristes por la separación, contentos por la oportunidad de verse una vez más. No se sabe cómo, pero una corriente de viento atravesó la sala y se llevó a la pequeña bailarina, que voló como un hada y acabó cayendo también en la hoguera.Al día siguiente, cuando la empleada barría las cenizas, encontró un corazoncito de plomo, que tenía en el centro una lentejuela que, como ella sabía, pertenecía a otro juguete que estaba sobre la mesa de los niños.

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Paulo Coelho.

Hoy me ha tocado ordenar mi habitación y hacer limpia de cosas, armarios incluidos. En medio de la marabunta de ropa, zapatos, papeles, apuntes, fotos, etc, he encontrado algún recuerdo agradable.

Uno de ellos han sido unos artículos de Paulo Coelho. Antes era un autor que me encantaba, deboraba sus artículos domingo tras domingo en el semanal, pero sin saber porqué un día dejé de leerlos, también dejé de hacer un montón de cosas “creativas” más, pero ese es un tema al que algún día le dedicaré un post. También transcribiré aquí su versión del soldadito de plomo que me dejó cautivada.

De todos los que he vuelto a leer, me quedo con éstos dos.

Permanecer abiertos al amor

Existen momentos en los que nos gustaría mucho ayudar a quienes amamos, pero no podemos hacer nada: o las circunstancias no permiten que nos aproximemos, o la persona permanece cerrada ante cualquier gesto de solidaridad y apoyo. Entonces sólo nos resta el amor. En los momentos en que todo es inútil, aún podemos amar – sin esperar recompensas, ni cambios agradecimientos.

Si conseguimos actuar de esta manera, la energía del amor empieza a transformar el universo que nos rodea. Cuando esta energía aparece, siempre consigue realizar su trabajo. “El tiempo no transforma al hombre. El poder de la voluntad no transforma al hombre. Lo transforma el amor”, Dice Henry Drummond. … El amor transforma, el amor cura.

Pero a veces el amor construye trampas mortales, y termina destruyendo a la persona que decidió entregarse por completo. ¿Qué sentimiento complejo es éste que – en el fondo – es la única razón para continuar vivos, luchando, procurando mejorar? Sería una irresponsabilidad intentar definirlo; porque, como todo el resto de los seres humanos, yo solamente consigo sentirlo. Se escriben miles de libros, se estrenan obras teatrales, se producen films, se crean poesías, se tallan esculturas en madera o mármol, pero, a pesar de ello, todo lo que el artista puede transmitir es la idea de un sentimiento, pero no el sentimiento en sí mismo.

No obstante, aprendí que este sentimiento está presente en las pequeñas cosas y se manifiesta en la más insignificante de las actitudes que tomamos; por lo tanto, es necesario tener el amor siempre en mente cuando actuamos o dejamos de actuar. Coger el teléfono y decir la palabra de cariño que postergamos. Abrir la puerta y dejar entrar a quien necesita nuestra ayuda. Aceptar un empleo. Abandonar un empleo. Tomar la decisión que estábamos dejando para después. Pedir perdón por un error que cometimos y que no nos deja en Paz. Exigir un derecho que tenemos. Abrir una cuenta en el florista, que es más importante que la del joyero. Poner la música bien alta cuando la persona amada esté lejos, pero bajar su volumen cuando se halla cerca. Saber decir “sí” y “no”, porque el amor lidia con todas Las energías del hombre. Descubrir un deporte que pueda ser practicado por ambos. No seguir ninguna receta, ni siquiera Las contenidas en este párrafo; porque el amor requiere creatividad.

Y cuando nada de eso sea posible, cuando lo que resta es apenas soledad, entonces acordarse de una historia que un lector me envió una vez: “Una Rosa soñaba día y noche con la compañía de las abejas, pero ninguna venía a posarse en sus pétalos. La flor, sin embargo, continuaba soñando. Durante sus largas noches imaginaba un cielo donde volaban muchas abejas que venían a besarla cariñosamente. Así conseguía resistir hasta el día siguiente, cuando volvía a abrirse con la luz del Sol. Cierta noche, conociendo la soledad de la Rosa, la luna preguntó: – ¿Tú no estás cansada de esperar? – Quizás. Pero tengo que seguir luchando. -¿Por qué? – Porque si no me abro, me marchitaré.”

En los momentos en que la soledad parece destruir toda la belleza, la única manera de resistir es continuar abiertos.

Cerrar ciclos.

Desde hace algunos años se reciben en mi despacho cartas de lectores de lengua española, de muchos países del mundo, en las que me piden mi texto Cerrar un ciclo. Desde hace algunos años, desde mi despacho se les envía una copia de la columna que en su día publiqué en este espacio, con el título El ciclo de la alegría.

DESCUBRIMIENTO. Una mañana, al abrir mi cajón de correspondencia, vi que pedían el texto Las etapas de Paulo Coelho. Como nunca había escrito nada semejante, busqué en internet y descubrí que se trataba de un título diferente para el mencionado Cerrar un ciclo.

Descubrí también que durante muchos años habíamos estado enviando a los lectores la columna equivocada, y que en realidad querían el texto que transcribo a continuación.No fui yo, desgraciadamente, quien escribió el original, pero decidí adaptarlo y ahora puedo por lo menos reivindicar parte de su autoría: Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir.

Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos… no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido sin más? Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo.

Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado.

RECUERDOS. Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello. Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros.

Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor.

Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte.Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del “momento ideal”.

DEJARLO IR. Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad.

Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante.Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres.

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Canciones que merecen la pena.

Hay algunas canciones que por alguna razón me acompañan en mi estado de ánimo, ya esté contenta o triste. Éstas son las que merece la pena escuchar cerrando los ojos y dejándose llevar por ellas.

Mis favoritas son:

David Berkeley, fire sign.

Damien Rice, The blower’s daughter.

Jack Johnson, Better together.

Norah Jones, sunrise.

Travis, Love will come throught.

Plain white T’s, hey there Delilah.

Tunng, Jenny again.

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Abelardo y Eloísa.

Todo empezó porque me encanta ésta canción. No sé porqué hay frases que te llegan más que otras, y el nombre de los protagonistas me gustó especialmente, no cómo tal, sino como nombre de dos enamorados.

Así que empecé a investigar, y ésto ha sido lo que he encontrado, un poco en resumen.

Abelardo era un cultivado de la época (al rededor del 1100) al que le fué confiada la educación de Eloísa, sobrina del canónigo de la catedral de París. Apesar de los 20 años de diferencia de edad se enamoraron y Eloísa se quedó embarazada. Después de ésto el tío canónigo, que no aceptaba la relación, mandó enclaustrarla en un convento e hizo que Abelardo ingresara en otro.

Nunca más se vieron pero siempre mantuvieron su amor por carta.

Cuando Abelardo murió, Eloísa reclamó su cuerpo y lo enterró en su convento. Así, cuando a ella le llegó la hora, mandó que la enterraran junto Abelardo. La leyenda dice que en el momento que sus cuerpos se juntaron se dieron un último y eterno abrazo y se plantó encima de la tumba un rosal.

Ahora la tumba se encuentra en el cementerio de Père-Lachaise, en París. (¿dónde si no?)

¡¡Chanaaannnn!! Fin de la historia.

Vía, y aquí

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Isabel Coixet

Aunque había visto varias películas suyas y me habían gustado mucho, fue al ver su corto de “Paris je t’aime” cuando realmente me empecé a interesar por ella.

De tanto comportarse como un hombre enamorado, volvió a enamorarse…

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